Tenía mucho que no escribía algo por este rumbo, pero caray, la red merece un poco saber de mi mamá Ana QEPD. Este día 15 de septiembre, nosotros los mexicanos, celebramos nuestra independencia. Muchos deciden celebrar este día de manera guerrera: con unos buenos tequilas y con un buen pelotón de amigos, otros lo decidimos celebrar en familia.
No es de vital importancia, para efectos de esta publicación, describir los motivos de la celebración de este día importante. Les hablaré de cómo solíamos festejar no sólo este, sino los días de fiesta en familia... en mi familia.
Ana María era la persona que podía hacer que todos nos reuniéramos. Si se le ocurría que nos vistiéramos de payasos, ni siquiera lo decía cuando ya teníamos la gran nariz roja puesta. Los últimos festejos de este día fueron monumentales, organizabamos una quermés familiar con mucho tiempo de anticipación, en la que cada sub-familia o familia amiga sería dueña y responsable de un puesto en esa gran quermés. Había puestos de mucha comida y además había puestos de juegos en los que mis primos pequeños se emocionaban con los diferentes retos que mis tíos les ponían para poderse ganar un premio.
Se jugaba a la lotería, se jugaba a los dardos y el señor del teclado cantaba y cantaba hasta que ya no podía más. Nos hacía cantar a todos, nos hacía reir a todos con la imitación de la tía Rose! Esa imitación vale más que mil palabras. La gran y aguda voz de la tía Rose imitada por un artista es un privilegio que muy pocos hemos disfrutado.
Todo mundo reía y todo mundo cantaba. A la hora del tradicional grito algún integrante de la familia se colocaba el disfraz del cura Hidalgo, tomaba una bandera y gritaba mientras la multitud enardecida (mi familia) contestaba a cada uno de sus ¡vivas! Había poco alcohol, el suficiente para no tener que recoger a nadie del gran jardín cuando la fiesta llegaba a su fin.
Mientras todo esto pasaba, mientras todos disfrutaban de esas grandes noches Ana María contemplaba gustosa la situación. Contemplaba lo que todos estos años había formado, una gran familia disfrutandosé mutuamente. Reía al unísono de las demás personas, bailaba al compás de la música y gritaba ¡viva! Con emoción.
Su pozole era simplemente el mejor de este planeta. Desde la mañana uno podía verla preparándolo. Lo preparaba de pollo, y los que lo llegamos a probar sabemos que no tiene comparación. Para el abuelo siempre estaba salado, pero en el fondo sé que sabe que era el mejor.
Ana María no fue nada más el 15 de septiembre; fue toda mi vida y todos mis festejos. Me pregunto si volveré a ver algo así en mi familia. Es por eso que estos días me hacen extrañarte un poco más que el resto mamá Ana. Fui feliz celebrando nuestra independencia a tu lado, incluso cuando no sabía lo que estábamos festejando. Sin ti en este mundo no soy menos patriota, es sólo que no se a dónde ir a festejar todavía.
No me queda más que gritar con el corazón: ¡Viva México! ¡Viva mi Abuela!
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